Cuando se elige \"mal\" a lo largo de la vida se convierte en una trampa.

Cuando se elige "mal" a lo largo de la vida se convierte en una trampa.

¿Te ha pasado alguna vez que tomaste una decisión y, aunque parecía pequeña, con el tiempo se volvió un peso?


Una relación que aceptas. Un trabajo que no rechazaste. Un “sí” que diste con la boca, pero no con el cuerpo.

No siempre lo llamamos así, pero a veces lo que más nos drena no es lo que vivimos… sino lo que decidimos mal y no nos perdonamos.

Tomar decisiones equivocadas no solo genera remordimientos: también puede ser un impulso real hacia la depresión.

Este es un patrón silencioso pero común:


Cuando una decisión no está alineada con lo que necesitas o valores, sus efectos pueden ser mucho más profundos de lo que parece. Lo que comienza como un “bueno, ya está hecho” puede convertirse, sin darte cuenta, en una cadena de emociones que te empujan hacia abajo.


A continuación, te muestro cuatro datos relevantes:

1. La tristeza influye en decisiones malas… y viceversa.

Las personas con depresión presentan dificultades cognitivas que les dificultan decidir bien: procesan la información más lento, dudan más y eligen opciones menos ventajosas . Además, el avoir anticipatory arrepentimiento, miedo a arrepentirse incluso antes de decidir, bloquea la elección y perpetúa la inacción.

Tal vez por eso te cuesta tanto elegir, incluso cuando las opciones parecen simples. Como si cualquier decisión pudiera volverse contra ti.

2. Arrepentirse de decisiones pasadas agrava el estado de ánimo

El remordimiento está estrechamente ligado con síntomas depresivos. En pacientes médicos y familiares, sentirse mal por las decisiones tomadas aumenta la probabilidad de depresión al cabo de meses.


La investigación incluso muestra que un 46% de personas con depresión reportan dificultades para tomar decisiones, lo cual repercute en su estado emocional .

A veces no sabes si estás triste por lo que pasó o por no haber accionado distinto cuando aún podías. Ese “y si hubiera…” es un eco difícil de apagar.

3. Decisiones erróneas crean un bucle tóxico

Decisiones impulsivas o mal meditadas pueden desencadenar consecuencias negativas (como problemas laborales, rupturas, salud deteriorada), que luego retroalimentan la culpa, la rumia y la tristeza crónica .
La rumiación, volver a pensar en lo que salió mal, no solo mantiene la depresión, sino que refuerza los errores de juicio.

Y cuando las consecuencias llegan, no solo duelen… también te hacen dudar de ti. Como si no pudieras confiar más en tu propio criterio.

4. La espiral emocional: mala decisión → me siento mal → pensar mal

  • Un mal juicio lleva a un resultado indeseable.

  • Aparece la culpa y la culpa lleva a rumiar lo que se hizo.

  • La rumiación profunda refuerza el estado depresivo.

  • La depresión reduce la capacidad de decisión, y el ciclo se repite .

Ahí es donde empiezas a sentirte atascada: sin saber si lo que te pasa es tristeza, miedo o simplemente el peso acumulado de no haberte elegido a tiempo.

No tienes que resolverlo todo hoy.

Solo entiendo que hay razones por las que te está costando, y que no tienen que ver con debilidad ni con falta de voluntad.

Entonces, ¿qué puedo hacer?

Tomar buenas decisiones no es cuestión de tener suerte, ni de ser una persona “decidida por naturaleza”. Es una habilidad psicológica , igual que aprender a poner límites oa regular tus emociones. Se puede entrenar. Y cuanto más clara estés por dentro, más conectada con lo que realmente te importa, más consciente de tus patrones automáticos, más capaz serás de elegir sin quedarte atrapado en el bucle de la duda, la culpa o la inercia. 

¿Y si entrenas tu capacidad de decidir para vivir con más claridad?

Tu toma de decisiones se puede entrenar para reducir la carga emocional y recuperar la claridad.

Igual que no naciste sabiendo decir “no” sin culpa, tampoco naciste sabiendo elegir lo que necesitas sin miedo.

Diseñó una formación especialmente enfocada en fortalecer tu toma de decisiones incluso cuando el estado de ánimo pesa.


No se trata de prometerte certezas absolutas. Se trata de ayudarte a elegir desde un lugar más estable, menos atrapado en el pasado, más conectado contigo.

Susana Ferrandis

Psicóloga sanitaria Contextual.

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